La habitación daba vueltas lentamente, eran las tres de la mañana, pero que importaba llevaba tanto tiempo sin dormir casi un año ya.
O talvez a el le parecía.
Se acerco a la mesita de noche busco entre sus cosas un papel, lo miro y volvió a recordar.
La mujer grito una vez más.
¿Que hacen aquí?
¡¡¡Váyanse todos, no se que diablos hacen aquí!!!
¡Todos se van a morir!
¡¡¡Tú también te vas a morir!!!
Vete a tu casa, eres un viejo inservible, como todos los demás, solo dan mas trabajo y no sirven para nada.
¡¡¡Váyanse!!! Y dejen de dar lastima
Así los echó a la calle.
El se rió y lo comento con la misma cara de risa en su casa.
Pero que sabían sus hijos cuanto le afectaba a él, cada una de esas palabras.
A sus ochenta y tantos, le pesaba la vida y los recuerdos.
Con manos temblorosas, dejo el papel sobre la mesita y entonces contemplo el rostro de su mujer, era una foto antigua, ¿cuantos tendría en ese entonces? Diecinueve, veintidós.
Con dolor recuerdo las veces que la humillo, y cuanto la hizo llorar cuando eran jóvenes, que terco por Dios, que terco había sido y que tonto.
Aun así ella dócil y gentil perdono todas sus faltas y le acompaño hasta el último suspiro, aun no hacia ni un año, que ella había partido y el había querido seguirla, ¿que sentido tendría la vida sin ella?
Pero el destino, no quiso permitirlo y ahí estaba solo con sus recuerdos y el dolor de sentirse solo e inservible, como esa doctora le había enrostrado.
Inservible
Inservible
Inservible.
Su mente repetía y repetía esa palabra una y otra vez, sus ojos cansados se llenaron de lágrimas secas.
Nadie entendía su dolor y su rabia, de día tenia que fingir que estaba bien y que todo marchaba de maravilla cuando en el fondo solo desebaba morir y estar con ella, con su mujer.
Seco sus lágrimas y tomo el mismo papel que tenia antes, busco un lápiz, su mano temblaba tanto que no podía escribir y lo hizo con la izquierda.
Se dirigió a la leñera ordeno todo como cada día lo hacia, luego se sentó un momento a mirar lo que había hecho, busco una toalla y un lazo, todo lo hizo mecánicamente sin sentir ya nada mas.
Por la mañana encontraron su figura fría y sin vida, tenía la toalla en el cuello y luego el lazo, la posición que tenía era casi sentado, debió hacerlo lentamente, aun así parecía tranquilo y yo diría que casi feliz.
En su última carta, escrita en el mismo papel que le habían dado en el hospital, les daba las gracias a sus hijos les decía que los amaba pero que ya estaba cansado y se sentía inservible.
La furia de sus hijos, por haberlos dejado fue dando paso al dolor y la impotencia.
El no era un viejo inservible como había dicho esa doctora.
No, el era una gran persona, pero luego de que su mujer había muerto de leucemia, entro en depresión tan grande que lo fue consumiendo poco a poco.
Esto lo escribí hace dos años, hoy recordé a don Abel aun me parece estar viendo su rostro dulce y risueño y el recuerdo de su esposa Ester, siempre estará en mi corazón, esta carta la escribí para sus hijos mas nunca fui capas de entregárselas…
Solo quisiera que sepan que quise mucho a su madre y por ende a su padre también…
Y que siempre estarán en mi corazón.
Las personas mayores son muy valiosas ojala no lo recordáramos demasiado tarde….
Susan Kaley
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